Está muriendo mi cadáver.
Habremos de estar muertos
para cuando salgan
de la ciénaga
las sierpes.
Lanzaremos poesía.
Abrazaremos quebrados
las paredes del convento,
y es que somos pedazos de heridas.
Tú vives creyendo en vaticinios,
en Mesías pavorosos,
sangrantes, tan perfectos
como la rajadura del revólver.
Yo estoy muerto
y vivo feliz
con mi cadáver.

